Siento que la Luna se apodera de mi
y como a una mujer me mece en su periplo
de mengu..es y engordes enigmáticos
dotando a mi quehacer y a mis entrañas
de un rostro imprevisible.
A veces me desnuda, al día siguiente
me lleva de paseo por los mercados
de los hijos de Poros y Penía
donde exhiben jarrones y relojes
los que regalan vino y buenos tiempos.
Al cabo me sorprendo reflejado
en su cara indolente que me encierra
en un templo con eco, de columnas de oro,
de monstruos desdichados que se quedan
a dormir en mi cama varias noches.
Acato su designio, me complazco
de tener a tal diosa por maestra
-por miedo a la condena de Babel-
haciéndome del viento y las mareas,
fundiéndome en un todo ¿in?existente.